La gastronomía y la música han sido eje central de una programación dirigida, principalmente, a los más jóvenes, hoy lunes. Centenares de personas y peñas se han concentrado en la plaza Germanas Mas, a las dos del mediodía para participar de la fiesta de la juventud. El primer punto del programa ha sido la comida, que como ya es tradicional es una ‘pollastrada’. Una vez la pasión de comer ha sido bloqueado, la música del grupo ‘Sarao Rumba’ ha amenizado las tertulias y ha animado a bailar a muchos de los presentes.

La música no ha parado y ha sido la discomóvil The End, quien ha animado la tarde, con fiesta de la espuma incluida y el brindis monumental. Más tarde, y casi sin descanso, la cena de sobaquillo ha reunido además de 400 personas en la plaza de la Valla, en uno de los actos que se ha convertido en un clásico de las fiestas patronales. Familias enteras, peñas y grupos de amigos no han faltado al acontecimiento gastronómico que ha tenido el aliciente del concurso de postres, un reto culinario en el cual han participado decenas de vecinas y vecinos y en el cual se han degustado diferentes recetas.

Pero la jornada también ha tenido tiempo para otro tipo de actividades como el Tiro de pichón, que se ha celebrado al campo de tiro de l’Alcora “Salvador Bartoll” y que ha sido organizado por la sociedad de cazadores San Humberto de Vilafamés. Otra de las actividades realizadas ha sido la visita al campanario de la iglesia de la Assumpció, organizado por los Amics de l’Ermita de Sant Miquel y que ha trasladado a los visitantes al siglo XVI, cuando fue construida.

Avanzada la noche, ha tenido lugar la celebración del ‘correfocs’, que este año ha recorrido las calles habituales, pero en sentido contrario. Els Dimonis de la Plana han deleitado los aficionados a la pólvora y a los acontecimientos pirotécnicos. Como conclusión de la noche ha tenido lugar el espectáculo “Frecuencia Musical”, un recorrido artístico y visual por las canciones que más han sonado a la radio durante los últimos tiempos.

El espectáculo ha tenido un ritmo ágil, que junto con la destreza y técnica del ballet y las voces de los cantantes hicieron vibrar al público presente. Un equipo de 25 personas hizo posible una representación de 120 minutos con una gran vitalidad y fuerza.